Hace unas semanas, un profesor en el seminario nos hizo una pregunta que me sorprendió: ¿Por qué debo conocer la historia de la iglesia? Honestamente me sentí como cuando era estudiante de primaria, lo curioso es que nunca me había planteado esa cuestión en el ámbito teológico, a pesar de que uno de mis pasatiempos favoritos es la lectura de Historia y no solo Historia bíblica, sino de todo tipo sin que ello me cause hartazgo.
Debo reconocer que aquella pregunta me llevó a recordar conversaciones que había tenido en la iglesia sobre la fe de los primeros cristianos. Pero también me hizo notar algo, más que un conocimiento real de la iglesia primitiva, muchas veces partimos de suposiciones y esas suposiciones, en ocasiones, están muy lejos de la realidad que la misma Biblia reconoce. Lo preocupante es que llevamos ese conocimiento vago como estandarte para denigrar la fe de la iglesia actual, ya que, si los primeros cristianos vieran algunas de nuestras actitudes, quizá nos llamarían negadores de la fe, curioso, ¿no?
Por eso, en este artículo quiero mencionar algunos puntos por los cuales el conocimiento de la iglesia primitiva es relevante para nuestro contexto cristiano hoy. Gobierno, liderazgo, dones, convivencia y fe. De esa gran luz que vemos en el Nuevo Testamento, hoy apenas conservamos pequeños destellos.
Fe y organización de la iglesia primitiva
El pastor español José Manuel Sierra mencionó en una predicación que le parecía extraño que muchos cristianos de hoy tomen como modelo ideal las iglesias descritas en las cartas paulinas y en el libro de Hechos. Y es que las mismas cartas muestran que, pocos años después de la partida de nuestro Señor Jesús, ya había divisiones, pecados, pereza y soberbia dentro de las iglesias locales.
Eso me hizo ruido, un día lo comenté en clase y varios hermanos me cuestionaron. Pero antes de encender las llamas acusatorias, es necesario afirmar algo, la persecución que vivieron los primeros creyentes fue dura, su fe representaba una disrupción frente al estilo de vida romano completamente contrario a la nueva cosmovisión cristiana. Esa persecución probablemente no sería soportada por muchos de nosotros hoy, por lo que su valentía no se cuestiona, se valora.
Sin embargo, la persecución no ha desaparecido, hoy no solo existe la persecución física en algunos lugares, sino también una persecución ideológica como la corriente WOKE, que desafía directamente la cosmovisión cristiana. En ese sentido, el ejemplo de la iglesia primitiva no es la idealización romántica de su pureza, sino su capacidad de hacer disrupción frente al mundo, mantenerse firme en la fe y avanzar en santificación personal y colectiva, aun con sus propias luchas internas.
Gobierno
El capítulo 2 de Hechos nos da un indicio que incomoda a muchos liderazgos actuales. En el versículo 42 se nos dice que los creyentes perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y en los versículos 46 y 47 vemos que se reunían en el templo y en las casas, compartían con sencillez y alegría, alababan a Dios y gozaban del favor del pueblo.
Lo que se percibe allí no es un gobierno verticalista centrado en un jerarca absoluto, sino una comunidad unida por la fe en Cristo y guiada por el Espíritu. Sí, los apóstoles tenían autoridad. Pero no la ejercían como un título de poder, sino como un medio de gracia y enseñanza recibido de su Maestro.
¿En qué momento entonces fue necesario el poder para organizar? Cuando apareció la desobediencia y la desorganización. La autoridad fue necesaria, pero no como dominio, sino como servicio.
Hoy la realidad es distinta, lamentablemente, algunos líderes buscan poder y se escudan en una supuesta investidura apostólica para ejercer dominio casi dictatorial dentro de la iglesia, persiguiendo anhelos personales que quizá no podrían alcanzar en la vida secular. Y aquí surge la contradicción: ¿no es ignorancia usar el título apostólico como figura de poder cuando los mismos apóstoles lo entendían como una labor a la que no debían aferrarse? Lo que los movía no era poder humano, sino poder de Dios para salvación.
Dones
Después de las cartas paulinas, no existen registros históricos claros que muestren una práctica constante de los carismas en los primeros siglos de la iglesia. No es sino hasta el siglo XIX cuando esta práctica resurge con fuerza, siendo el caso más conocido el avivamiento de Azusa Street Revival, que daría inicio al movimiento pentecostal y posteriormente al neopentecostalismo en Estados Unidos.
Resulta curioso que esta práctica haya desaparecido durante siglos, cuando el Nuevo Testamento menciona que uno de los propósitos del don de lenguas era la expansión del evangelio. Algunos hermanos carismáticos sostienen que esto se debe a que no se ha dejado obrar al Espíritu. Sin embargo, al revisar a los padres de la iglesia y a los cristianos posteriores, no encontramos normas, liturgias ni descripciones que indiquen que estos dones continuaran como práctica regular.
De ahí que muchos entiendan que cumplieron un fin evangelístico específico. En un mundo globalizado, donde la fe ha alcanzado prácticamente todos los rincones del planeta, ese propósito inicial parece haber sido cumplido.
Desestimar los registros históricos de los padres de la iglesia es problemático, porque somos herederos de elementos litúrgicos y confesiones de fe que defendieron la creencia cristiana frente a múltiples corrientes filosóficas. Ignorar esa tradición puede convertirse en una forma de egoísmo intelectual: pretender conocer o redefinir la fe sin reconocer el esfuerzo de aquellos que fueron instrumentos de Dios para preservar el conocimiento teológico hasta nuestros días.
Y en el mejor de los casos, si alguien sostiene el don de lenguas como lenguas angelicales cuando hermenéuticamente se reconoce como una hipérbole, el apóstol Pablo fue claro: hágase en lo privado para edificación personal. Entonces, ¿por qué cerrarse al diálogo y juzgar como apóstatas a quienes no comparten esa postura?
Sin duda es un tema que da para mucho más. Aquí solo he señalado algunos puntos polémicos que suelen generar fricción entre hermanos. Muchos dirán que no son doctrinas primarias, y es cierto. Pero sí son ejemplos prácticos que pueden ayudarnos a corregir errores, crecer y avanzar más allá de lo que nuestros antecesores pudieron hacer, por la gracia de Dios. Conocer esto nos sirve como parámetro de actividades dentro de la iglesia que parecen más al mundo, otras ideologías o religiones que, al cristianismo de la iglesia primitiva, tal vez estamos haciendo muchas herejías en la iglesia actual y nosotros ni por enterados, es de pensarse, ¿no lo crees?
Aunque también hay otra razón menos espiritual y más humana: la pereza en el estudio profundo. A veces se disfraza de una “fe más grande” que no necesita estudiar. Pero un hombre muy sabio dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Sí, CON TODA TU MENTE.

