La soberbia que heredamos

El problema del pueblo de Dios no fue solo la idolatría, sino la soberbia, aunque hoy seguimos repitiendo ese mismo patrón, pero disfrazado de cristianismo.

Ahora que está en boga todo el tema de Israel y el conflicto en Medio Oriente, este asunto se ha prestado al debate entre cristianos. Sea cual sea la postura que puedas tener en torno al mote del pueblo de Dios, es muy probable que todos volteemos a ver el Antiguo Testamento y, en ocasiones, digamos: ¿qué rayos con el pueblo de Dios?, ¿por qué actuaban así?

Y si bien la Palabra es clara al mencionar la rebeldía del pueblo, muy pocas veces nos detenemos a pensar el porqué actuaban así; o, en otras ocasiones, es fácil reducir todo al tema de la idolatría. Sin embargo, eso solo es una razón más, pero sigue sin describir el corazón del pueblo que muchas veces negó a Dios. Y lo peor: no alcanzamos a ver la gran semejanza que tenemos con ellos en la actualidad. En una frase: la soberbia heredada como pueblo de Dios.

Una breve lectura a los libros proféticos saca a la luz la actitud que tenían tanto el pueblo como los líderes religiosos, quienes se escudaban en una arrogancia alimentada por profecías vacías y huecas de falsos profetas, los cuales solo anunciaban un falso bienestar a causa del cumplimiento de los rituales del templo que hacía el pueblo, mientras que Dios, la causa de esos rituales, estaba totalmente alejado de su corazón.

Un claro ejemplo de esto lo tenemos en el profeta Amós. Así como lo menciona Gary Smith, Amós estaba en la encrucijada de: ¿cómo se le dan malas noticias a alguien que cree que está bien? El profeta no guardó silencio y denunció la verdad de Dios, que estaba por encima de la falsa esperanza de Israel, basada en su ejército, sus rituales y su condición de pueblo escogido. Sin embargo, a pesar de todo eso, Dios traería su juicio debido a la arrogancia que produce rebeldía ante Él (Amós 7:14-16).

Lo curioso es que, años después, y como un “intermedio” de la obra, tenemos el Evangelio. Y aun así, hoy en día seguimos repitiendo ese mismo patrón. A pesar de que ya no nos regimos por la ley para salvación, sino para conocer la santidad de Dios, pareciera que, a través de una máquina del tiempo, los israelitas del Antiguo Testamento vinieran hoy a impregnarnos esa misma arrogancia, pero ahora transformada en cristianismo, olvidando totalmente la esencia del Evangelio. Parecería que olvidamos las implicaciones de la buena nueva para reemplazar este gran regalo de Dios por una arrogancia basada en nuestras propias obras.

Sin embargo, la Palabra nos confronta directamente en esta alteración de nuestro interior. El apóstol Pedro, en su carta, nos indica en 2 Pedro 1:3-9 y en concreto en el versículo 5:

“Por eso, deben esforzarse para añadir a su fe una buena conducta; a la buena conducta, el entendimiento; al entendimiento, el dominio propio; al dominio propio, la paciencia; a la paciencia, la devoción a Dios; a la devoción a Dios, el afecto fraternal; y al afecto fraternal, el amor”.

Marcando un énfasis importante: una consecuencia clara del Espíritu Santo en nuestra vida se refleja en una serie de actitudes que distinguen al creyente y lo conforman a la naturaleza de Cristo, como la humildad. Esa humildad que se pierde cuando nos volvemos juez y verdugo; ejemplo de vida sin argumentos bíblicos; idólatras del autopoder y de las ganancias a través de la obra de Dios; operadores corruptos que usan la obra como trampolín para saciar anhelos personales no cumplidos en la vida secular. Y lo peor: abusando de la adopción divina para someter y atacar a los que no van con nuestra forma de pensar, justificándonos en el título “soy hijo de Dios”.

Lamentablemente, la mayoría de los cristianos hemos caído en ello. Pero aquí está la buena noticia: así como Amós denunciaba y clamaba por el arrepentimiento del pueblo, como Palabra infalible de Dios, esa misma Palabra hoy nos lleva al arrepentimiento. Y, bajo los términos del Evangelio, nuestros pecados son perdonados. Basta con reconocer esta actitud y pedir perdón a Dios por la soberbia, la distorsión y el abuso del regalo de la adopción divina, para ser renovados en nuestro ser, volver a la humildad y recordar que todo esto que vivimos es únicamente por la gracia y la misericordia de Dios. Y que todo lo que podamos hacer o tener, ya sea en el ministerio o en nuestra vida cristiana cotidiana, es un regalo inmerecido de Dios hacia nosotros.

Tomemos estás fechas de semana santa para meditar en lo que menciona Paul Tripp:

“Piensa en lo que Dios hizo para ofrecerte su gracia justificadora: Considera que Él orquestó cuidadosamente los sucesos de la historia humana a fin de que Jesús viniera en el momento indicado. Considera el costo que supuso que Jesús dejara el esplendor del cielo para someterse a las arduas experiencias de la vida en este mundo caído.

Considera la condena injusta, la horrenda tortura física, el dolor público y la vergüenza en la cruz y el rechazo de su propio Padre, todo lo cual estuvo dispuesto a soportar Jesús porque entendía el valor eterno de su obra a nuestro favor. Considera que Dios ha reinado sobre cada situación, lugar y relación de nuestra vida para que nosotros fuéramos confrontados con la realidad de nuestro propio pecado y del glorioso ofrecimiento de su gracia perdonadora.

Considera que Él nos dio la capacidad de entender estas verdades y el poder para creerlas. Considera que Él ha dirigido cuidadosamente la escritura, transmisión y preservación de su Palabra a fin de que pudiéramos conocerlo, confiar en Él y seguirlo. Considera el valor del don del Espíritu para animar esta nueva vida que su gracia justificadora nos concede. Considera el valor de todo lo que Dios ha hecho para tratar la plaga más grande que existe, la que nos infecta a todos y siempre conduce a la muerte: el pecado”

Y esto sin duda nos llevará a adoptar la humildad que es a causa de la obra del señor Jesús en nuestra vida y nunca por méritos propios ya que, en dado caso a los ojos de Dios, solo serían trapos de inmundicia.

SOLI DEO GLORIA

Referencias:

Smith, G. V. (2012). Los Profetas Como Predicadores: Introduccion a Los Profetas Hebreos. B&H Espanol.

Tripp, P. (2022). ¿realmente Crees? (do you believe? 12 historic doctrines to change your everyday life): 12 Doctrinas Historicas Que Cambiaran Tu Vida Diaria. Portavoz.

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